La protección pasiva


Consiste en una serie de elementos constructivos y productos especiales dispuestos para evitar el inicio del fuego (ignifugación de los materiales), evitar que se propague (compartimentación, cerramientos, sellados), evitar que afecte gravemente el edificio (protección estructural) y facilitar la evacuación de las personas (señalización luminiscente) y una actuación segura de los equipos de extinción.

Los productos de protección pasiva contra incendios tienen que cumplir la normativa vigente. Superan estrictos ensayos realizados por laboratorios acreditados que demuestran su eficacia (reacción, resistencia y/o estabilidad, luminiscencia) en pruebas con fuego real. Tras las pruebas son aptos para su instalación atendiendo a una serie de parámetros (soportes, espesores, aplicación, etc.) bien definidos.

Según la normativa vigente, la protección pasiva se encarga de:

  • Garantizar el confinamiento y control de un incendio y facilitar la evacuación de los ocupantes.
  • Garantizar la estabilidad del edificio y limitar el desarrollo de un posible incendio.


Además:

  • Los edificios y establecimientos estarán compartimentados en sectores de incendios mediante elementos con una resistencia (determinada) al fuego.
  • Los elementos estructurales con función portante deben tener (determinada) estabilidad al fuego.


Recuerde:

  • La protección pasiva es un escudo contra el fuego
  • Es una vacuna contra el fuego: si se aplica, no se produce, o sólo lo hace a nivel de conato
  • Encierra al fuego
  • Protección segura durante las 24 hs.
  • Protección permanente. Siempre está ahí, sin necesidad de intervención humana.
  • Nunca falla.

Fuente: construmática

Publicado: 1 de Marzo de 2016